Cuentos de una vida: Turco mi mastín.

En la casa donde nací y me críe, no era muy amiga de animales y menos de perros, en aquellos tiempos por miedo a las enfermedades.

Cuando Turco un cachorro de mastín, que  había regalado un pastor de mi pueblo a mi padre, este al llevarlo a casa, según me contaron , fue motivo de una discusión familiar, hasta que vieron en el la utilidad que a corto plazo daría a la casa y al aserradero donde mi padre trabajaba, tengo que aclarar que la mayoría de los aserraderos que entonces había en mi pueblo, siempre estuvieron a las afueras de él. El nuestro y mi casa estaban a unos dos kilómetros, durante la semana, a partir de las seis de la tarde y todos los fines de semana, no quedaba nadie, solo mis padres y mi padre las tardes del fin de semana, se iba a jugar la partida del mus con los amigos al casino o sociedad  y regresaba muy tarde por las noches, esta fue la razón principal para que turco, mi perro mastín, se quedara en casa.

Era un mastín leones de los de antes, gris alobatado, fuerte, pecho profundo, unas patazas enormes, unos ojos profundos, pero de una nobleza impresionante, era descendiente de los mastines que venían a nuestra sierra de la Demanda, en el tiempo de la transhumancia. Cuando llegó el cachorro, según me cuentan mis padre yo solo tenia entre dos a tres meses.

Nada tengo que decir que crecimos al mismo tiempo, sabiendo que un perro al año es adulto y a los catorce meses, está plenamente desarrollado y si ha sido bien alimentado, en esa edad es la expresión de perro, de perro de verdad.

A la edad de mis catorce meses, yo no había empezado andar, pero si a gatear, Turco era adulto, era inseparable, donde me llevara mi madre el siempre estaba a mi lado y por las noches, localizaba un punto alto o atalaya donde podía divisar y guardar la casa y el aserradero, podía haber, verano, invierno con gran nevada que turco se colocaba en su atalaya. Llegando a este punto, tengo que decir, que un buen mastín leones, durante el día era el perro noble sin mesura, pero al llegar la noche, estos se transforman y muestran toda su valentía y bravura, mi perro Turco, tenía todo esto y mucho mas, pues su principal función es la de acompañar a los rebaños de ovejas en sus desplazamientos y defenderlas de un animal tan bravo como él, el lobo, nuestro lobo ibérico.

Pasando la rutina de los días, un día mi madre fue a lavar la ropa en un puesto de piedra, lavadero que había en el cauce del salto de agua que movía las cintas de las sierras para transformar los troncos en tablones.

Mi madre me transportaba en un balde grande de chapa galvanizada y un manta, yo permanecía a su lado mientras ella lavaba la ropa.

En uno de esos días, y estando lavando en el brocal, le dieron una voces para que se acercara a la casa pues estaba el cartero para entregarle una cartas, que normalmente era de unos tíos que estaba en Norte América y habían sido mi padrinos de bautizo.

Ella se fue, y no se si fue por su falta, yo empecé a trastear y salirme del balde, con tal atino de que el balde me cayó encima, yo seguí gateando sin poder ver, hasta perder tierra y caer al cauce del aserradero, empezaría a gritar y llorar lo que me diera tiempo antes de hundirme, pero, amigos, detrás de mi se tiro al agua mi buen perro Turco, que con su gran cabeza, morro y cuello me mantuvo a flote contra las piedras del cauce, se pudo tirar pero no salir, pues había una diferencia de altura entre el nivel del agua y la altura de los muros de piedra que dirigían el agua al salto, donde yo podía haber llegado y después a las cintas de transmisión, si no hubiera sido por mi perro.

Al regreso mi madre a donde me había dejado y no verme, empezó a gritar y pedir ayuda a los obreros del aserradero, entre ellos mi padre, por el que se esta historia.

En seguida nos vieron a mi gritando y chapoteando y a mi buen perro, que hacia lo indecible para mantenerme a flote. Me sacaron a mi primero y luego  a mi perro con una soga, perro turco pesaba ciento quince quilos, de bondad, valentía y nobleza.

Por supuesto, los besos , abrazos y gracias a dios de mis padres, tuvieron que sonar hasta allá arriba, y las caricias y carantoñas que dieron a Turco, fuero muy merecidas, desde a aquel día, gano en respeto de todos y un día y otro le traían comida.

Turco murió a los catorce años, ciego, sordo y apenas podía andar, pero se le respeto hasta sus últimos días.

Yo disfrute mi niñez y mi primera juventud con el, me venia a buscar a las escuelas, me guardaba la bici cuando al pueblo venia hacer recados incluso un día con boche, cría de burro que me regalaron, subieron los dos al coro de la iglesia en plena misa, pero esto será motivo de otra historia, para mas adelante.

Que le tengo que agradecer a mi perro, mastín.

Primero la vida, el amor a los animales, desde entonces, siempre he estado ligado al mundo del perro, por mi casa han pasado hasta 46 mastines, he criado perdigueros de Burgos.

Soy hace 30 años socio de la Real Sociedad Canina de España. Juez internacional de belleza canina, pruebas de trabajo, colaborador de la fauna Ibérica.

Club de amigos del perro perdiguero de Burgo y en estos días, juez de razas españolas en la que se encuentra el Mastín Español, y la sensibilidad de todos mis hijos que se han criado entre perros y animales en nuestra casa granja FuenteSanza, la sensibilidad que tienen y respeto a la Madre Naturaleza. Todo esto y mas se lo debo a mi querido y buen amigo de mi niñez y juventud. Turco, mi mastín leones.

2 comentarios en “Cuentos de una vida: Turco mi mastín.

  1. Irene

    Bonita historia real con final feliz. Me recuerdo de mi mastina Nuca. Fiel amiga, protectora y un miembro mas de la familia. Mi padre tambien la trajo a casa para defendernos y cuidarnos.

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  2. Irene

    El lobo. Figura con un papel muy singular tanto en la vida real como en las leyendas. Mi padre me contaba historias inventadas sobre lobos en el pequeño bosque que rodeaba nuestro bloque de pisos donde viviamos. Por supuesto que no podia haber lobos en una urbanizacion, que ingenua era yo….Su objetivo era que yo tuviera respeto al bosque y no fuera alli a jugar al escondite. El queria tenerme cerca y asi poder ver que yo estaba bien mientras jugaba de niña. Gracias al lobo que me dejo cuentos bonitos creados de la imaginacion de mi padre…..

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